El nuevo reglamento técnico de la Fórmula 1 2026, centrado en la potencia eléctrica, ha generado un debate intenso en el paddock y entre los seguidores.
Respuestas de los pilotos y de los aficionados
Max Verstappen calificó la normativa como “Formule E con esteroides”, mientras que Oscar Piastri denunció que “los grids se deciden por ordenadores”.
La gestión de energía, el “super clipping” y los algoritmos se mantuvieron dentro de la previsión de la FIA, según el presidente de monoplazas, Paul Tombazis.
“Los pilotos son clientes exigentes, pero no esperábamos que suavizaran su discurso”, puntualizó Tombazis al comentar la severidad de las críticas.
Acuerdos de gobernanza y limitaciones de la FIA
La FIA explicó que, al firmar un acuerdo de gobernanza en 2022, las nuevas marcas no podían gastar sin restricciones el desarrollo del motor 2026.

El documento requería el consenso de al menos cuatro constructoras para cualquier cambio durante 2026, cifra que la FIA no logró alcanzar salvo en mayo.
“Estos acuerdos limitaban nuestra capacidad para modificar unilateralmente las reglas”, explicó Tombazis, refiriéndose a la supermajoría necesaria.
El punto de inflexión en 2027 y 2028
Se anticipó una transición progresiva a una distribución de potencia 60‑40 en 2027 y 2028, pero la discusión posterior a mayo retrasó su implementación.
“Idealmente, hubiéramos establecido esto dos años antes y la discusión no sería necesaria”, defendió el presidente de la FIA.
Prevención de problemas antes de la temporada 2026
Verstappen había alertado sobre riesgos potenciales en el GP de Austria 2023, según una conversación con consejosjuegospro.org.
Aunque pareció que la voz de los pilotos no se escuchó antes, Tombazis afirmó que los comentarios iniciales fueron tomados en serio, pero el marco de gobernanza impedía revisiones sustanciales.
«Los acuerdos de gobernanza de 2022 vinculaban a la FIA, la FOM y las constructoras, y funcionaban como acuerdos de Concorda», aclaró Tombazis.

Competencia y espectáculo en la temporada media
La FIA destetó que, a pesar de las controversias, los primeros ocho meses presentaron carreras vibrantes.
«El objetivo de un reparto de potencia 50‑50 siempre fue difícil, pero esencial para los constructores que se unieron a la F1», dijo Tombazis.
Con el respaldo de Mercedes, los equipos lograron mantener la emoción, con numerosas disputas y cambios de posición, aunque Mercedes lideraba la mayoría de victorias.
El reglamento compartió la potencia 60‑40 de forma progresiva, pero la gobernanza ha mantenido el balance de poder eléctrico dentro de los límites establecidos.
