Isack Hadjar se presentó en el pit lane de Hongria en la espalda de la magnitud de su equipo, con la única ventaja de una posición octava en la parrilla.

Un viernes que parecía prometedor se convirtió en un fracaso
El amanecer del fin de semana había impulsado la esperanza de Red Bull, puesto a las mismas alturas que McLaren, despidiendo a la potencia de Ferrari mientras Mercedes mostraba debilidad. El sueño se deshizo cuando las sesiones de clasificación se disolvieron en una espiral de confusión.
El Q3 y el pit stop que faltó
Durante la segunda ronda, Hadjar confrontó un trazo seco que terminó en una transición correcta, pero sin fantástico resultado. Con el torbellino del Q3, un pit stop caótico –mezclando equipos de estrategia y una mala toma de altura— dejó al francés pigado en el último puesto del top‑10, lejos del avance que soñaba.
“El ritmo se ha degradado desde ayer y no hemos progresado mucho”, dijo el piloto a la cámara de Canal+.
“No, me está molestando. La última maniobra… al final me quedo con la mejor vuelta en neumáticos gastados.”
“En la última conducción con neumáticos nuevos no sé lo que hacen en los boxes. Salíamos de los primeros de la línea y terminábamos entre los últimos.”
“En lugar de seguir a Max, miles de coches se cuelgan delante y la salida está tóxica, no sentí el calor en los neumáticos. Me molesta. Son cosas que se supone controlamos y fallamos.”
Una manera de permanecer optimista entre los errores
Con la derrota ya asegurada y el rendimiento del equipo bajo la lupa, Hadjar declaró su ambición de combatir los obstáculos en la pista: “Se trata de atacar. Terminaremos en octavo sin problema, pero lo más importante es no aceptar quedar tan abajo.”
La noción de victoria se encuentra en los bocaciones de las ruedas, pero la realidad es que Red Bull necesitará un reajuste inmediato para no quedar eclipsado por la feroz competencia que el Grand Prix de Hongria promete.
