Red Bull investiga las sospechas de ayuda de Racing Bulls y lo verificamos
La polémica sobre la propiedad doble de equipos en la Fórmula 1 ha reavivado su intensidad tras el murmuro de Mercedes y Toto Wolff, que mostraron interés en adquirir participaciones de Alpine.
El que quede señalar que dicha propuesta no culminó fue motivo de que Zak Brown, director general de McLaren, dirigiera una carta al presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, exponiendo temores respecto a esta tipología de montaje.
Entre los puntos citados por Brown hay la posible reducción de períodos de preaviso para el traslado de personal entre dos equipos bajo un mismo grupo, la transferencia de propiedad intelectual y la posibilidad de recibir apoyo técnico durante una carrera.
Un data que apoya estos temores es el caso de Daniel Ricciardo en el Gran Paseo de Singapur 2024, quien, como piloto de la hermana de Red Bull, detuvo su coche antes de la llegada y coincidente con Lando Norris, poseía la mejor vuelta al aire.
En el último rodeo estadounidense, el Gran Paseo de Miami exigió a Liam Lawson, de Racing Bulls, que cediera el carril a Max Verstappen, otro episodio que alimentó el debate.
Frente a estos antecedentes, Laurent Mekies, jefe de la fábrica de Red Bull, respondió a la prensa afirmando que la compañía respeta las normas de la FIA y que, además, prohíben sus propias reglas mayores una rápida movilización de personal.

Durante los siguientes días, que siguieron al Gran Paseo de Barcelona, Mekies invito a los medios a “analizar” las competiciones en pista de las dos cepas para descartar inferencias, con la afirmación de que, a partir del inicio de la temporada, no había evidencia concreta de colusión.
El escenario más acalorado se produjo en el Gran Paseo de Suzuka 2026, cuando la carrera mostró a las cuatro máquinas de Red Bull en una formación prolongada. Lindblad encabezó el convoy antes de desplazar a Hadjar en la chicane de 11 tour, una maniobra que provocó que los radios se activaran a los pilotos.

En la prueba inaugural de Motegi, la capa de interacción se disparó cuando Arvid Lindblad, de la hermana de Red Bull, superó a Hadjar, solo para impedirle una segunda vez la velocidad antes del pit‑stop, dejándolo con la ventaja a fin de sprint.
En el continente asiático, el Grand Paseo de Shanghai también evidenció tensiones: mientras Verstappen intentaba adelantarse a Lindblad, el vehículo de Racing Bulls repitió una maniobra de defensa estrecha en la curva 7, manteniendo minutos de rivalidad palpable.
En América del Norte, el episodio de Miami devolvió la conversación a la esfera de información: en la primera vuelta, Verstappen perdió posiciones tras colisionar con la línea de salida y quedó justo detrás de Lawson. En la vuelta 11, el equipo indicó que Lawson debía “entregar la posición”, aunque el piloto defendió la acción como interpretación de la radio y la falta de tiempo para la decisión.
Durante los Grands Paseos en Canadá, Mónaco y Barcelona, la división de equipos rítmica se vio limitada, ya que las dos últimas incorporaciones a la temporada solo mostraron un rendimiento funcional moderado, sin presentar enfrentamientos masivos con la hermana de Red Bull.
Las teorías que apuntan a una sinergia oculta entre los equipos continúan resonando, pero la falta de casos concluyentes aparte de Miami y el sprint de Singapur indica que el argumento de Mekies sobre la escasa evidencia inicial permanece sólido.
En el fondo, la cuestión que amenaza el anonimato de la Fórmula 1 es la circulación de personal y, quizás, el intercambio de conocimiento técnico; un aspecto que casi a todo momento será seguido de cerca durante la contienda mundial.